«Tengo una teoría…»

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Esta frase solemos escucharla, y algunas veces decirla, seguido. Si bien es una expresión, hoy vengo a contarles por qué, si queremos ser científicamente precisas, sería más apropiado decir «tengo una hipótesis».

¿Qué es una hipótesis?

Una hipótesis es una suposición, un enunciado que no ha sido verificado y que, por lo tanto, podría ser refutada cuando tengamos evidencia para verificarla. En ciencia, una hipótesis suele ser una predicción que debemos verificar a través de la experimentación para así contrastar lo que encontramos con nuestra suposición inicial.

Un ejemplo un poco absurdo pero que cumplirá el propósito: mi hipótesis podría ser que en época no migratoria voy a encontrar en Guatemala a más especies de aves migratorias, que en época migratoria. Aquí claramente sabemos que las especies migratorias las encontraremos durante la época migratoria, por lo que sería sencillo refutar la hipótesis del ejemplo. En nuestra vida cotidiana, esto es precisamente lo que hacemos al tener una suposición: tenemos un enunciado no verificado y a través de la experiencia, podremos saber si esta suposición era acertada, o no.

¿Qué es una teoría?

Por otro lado, una teoría es algo muchísimo más complejo ya que se refiere a una explicación de algún fenómeno, con base en evidencias, conocimiento, experimentos y muchas pruebas que han permitido corroborarla. Podríamos decir que una teoría es un enunciado, al igual que la hipótesis, pero con la diferencia de que este ha sido puesta a prueba lo suficiente como para poder decir: «sí, esto funciona así». Es por eso que cuando hablamos de teorías, hablamos de algo globalmente aceptado. Ejemplos de teorías que muy probablemente hemos escuchado son la teoría de la evolución y la teoría de la relatividad. Para la teoría de la evolución tenemos evidencias, como el registro fósil, mientras que la teoría de la relatividad (el famoso E=mc2) ha podido confirmarse con la cantidad de energía producida en los núcleos de las estrellas, como el sol, entre muchas otras evidencias.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.
Archaeopteryx, el género extinto que se considera la transición entre dinosaurios y las aves modernas.

Es así que podemos ver que una teoría, a diferencia de una hipótesis, es algo que ha llevado mucho tiempo en construirse a través de conocimiento, investigación y verificación. Aún así, una teoría no es algo escrito en piedra, es algo que podría cambiar o que al tener suficiente evidencia para una mejor explicación de determinado fenómeno también podría refutarse. A lo largo de la historia esto ha sucedido y un ejemplo es la antes teoría de la generación espontánea. Este enunciado suponía que la vida se origina espontáneamente a partir de materia orgánica, inorgánica o su combinación. Aunque ahora podría parecer absurdo, hablamos de una teoría descrita por Aristóteles y luego sustentada por otras personas que se basaron en la evidencia que en esa época podían obtener, como las observaciones de que de un trozo de carne “nacían” larvas o que, después de varias semanas, “nacían” ratones de la ropa sucia y trigo. En la actualidad tenemos la fortuna de tener mucha tecnología, conocimiento e investigación previa que nos ha permitido comprender mejor lo que nos rodea y es por eso que hemos podido refutar suposiciones que antes eran consideradas teorías.

Entonces, la próxima vez que nos refiramos a una suposición que no hemos verificado, lo apropiado será decir «tengo una hipótesis». Al hacerlo, estaremos haciendo feliz a una científica.

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