Descubrimientos en los pequeños detalles: otra historia de publicación científica

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Mientras cursé la maestría en Costa Rica tuve la oportunidad de conocer muchísimas áreas protegidas (muchos ticos incluso bromeaban con que conocía más su país que ellos). De las cosas que me impactaron fue que la mayoría de áreas protegidas tenían facilidades que yo no estaba acostumbrada a ver en este tipo de lugares (senderos universales, estaciones biológicas con habitaciones parecidas a hoteles, comedores con bufé y un largo etc.). Veintiocho meses de una maestría tica con un fuerte componente de trabajo de campo me malacostumbraron a las comodidades durante las giras.

En 2017 tuve mi última gira de campo de la maestría y como buena despedida — y recordatorio de que las comodidades no eran lo habitual en campo en Guatemala—, nos tocó pasar un par de semanas en el Parque Nacional Barbilla. Este lugar es espectacular, pero su peculiar topografía, difícil acceso y limitadas facilidades hacen que sea una de las áreas protegidas menos visitadas en el país. Fueron dos semanas de trabajo exhaustivo, largas caminatas, noches acampando y desvelándonos para trabajar con murciélagos. De las cosas más curiosas de esta gira, fue que aunque me correspondía trabajar con mamíferos, terminé con una publicación científica sobre comportamiento de reptiles. Aquí les contaré la historia.

Lo espectacular del Parque Nacional Barbilla radica, en buena parte, en que está alejado de zonas urbanas.

Trabajando con murciélagos y descubriendo reptiles

Durante la gira de campo, trabajamos varias noches (y madrugadas) utilizando redes niebla para capturar murciélagos. Estas redes se colocan en campo, en sitios estratégicos, para que cuando aves o murciélagos pasan volando, queden atrapados en ellas. Una vez atrapados nos toca ir a zafarlos de las mismas, determinar la información que nos interesa (especie, sexo, edad, entre otros) y liberarlos. Una de las redes que colocamos fue en el Río Dantas, porque nos pareció que podíamos capturar alguna especie interesante en ese sitio.

Colocando una de las redes niebla en el Parque Nacional Barbilla.

Aunque, efectivamente encontramos especies geniales de murciélagos, en esta historia quiero enfocarme en una observación casual de mi profesor, José Manuel Mora. Él se dio cuenta que a medio río, en una roca, había una pequeña lagartija durmiendo por lo que nos acercamos y le tomamos unas cuantas fotos para identificar la especie. A la noche siguiente prestamos más atención y encontramos a otra especie, también perchando (básicamente parada, pues) en la grieta de otra roca que se encontraba en el río. Mi profesor dijo que le intrigaba revisar si estaba reportado en la literatura el que esas especies de reptiles percharan en rocas de ríos y pues yo sólo pensé: «¡Vaya observación! A mí ni se me habría ocurrido que podía ser algo desconocido».

Norops oxylophus, una de las especies que encontramos perchando en una roca dentro del río Dantas.

Basiliscus plumifrons, la especie encontrada la segunda noche.

Los detalles importan

Resultó que la literatura sobre el tema era escasa y que, tal como sospechó mi observador profesor, nunca antes se había reportado a ninguna de estas dos especies usando ese tipo de sustrato para perchar en la noche. Esta gira y esas dos observaciones que posteriormente publicamos en una nota científica, me dejaron la valiosa lección de nunca dejar de prestar atención a los detalles. A veces ocurre, que al tener un propósito definido, dejamos de observar los detalles alrededor y ahí puede estar lo novedoso. No deberíamos dejar de maravillarnos por los detalles, hay que prestarles la suficiente atención como para que alboroten nuestra mente y generen preguntas como «¿Alguien habrá documentado esto antes?». En países como Guatemala, con tanta biodiversidad y poca investigación la respuesta a esa pregunta, generalmente, será NO.

Termino esta entrada resaltando la importancia de estas pequeñas observaciones: puede parecer algo básico pero sin esa base no podemos construir. La ciencia no debe enfocarse únicamente en aplicaciones inmediatas. La generación de conocimiento es válida, importante y muy necesaria. Conocer y compartir con el mundo este tipo de comportamientos e información sobre historia natural de las especies puede ser muy útil, no sólo para documentar lo que no se conocía, sino porque es información que puede servir para orientar decisiones. ¿Qué tan importantes podían ser dos grandes rocas entre un río? Para mí —y seguramente para muchísimas personas—, nada. Sin embargo, cuando descubrí que dos especies de reptiles usan estos sustratos como percha nocturna, me di cuenta que puede ser un recurso muy importante para ellas. ¿Cuánto más habrá por el mundo que nadie más ha volteado a ver? Los descubrimientos están ahí y ahora.

Aquí les dejo el enlace de esta nota científica, así como un enlace para consultarla:

Mora, J. M. and Escobar-Anleu, B. I. 2017. River rocks as sleeping perches for Norops oxylophus and Basiliscus plumifrons in the Talamanca Mountains, Costa Rica. Mesoamerican Herpetology 4(22): 418-422.

Hablando de detalles, ¿notaron que en la foto del inicio hay una ranita?

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