Mi primera experiencia con una publicación científica: los primeros pasos de una bióloga primeriza.

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A veces tengo cierta duda de decir cuál que fue mi primera publicación ya que, aunque tengo una que salió en junio del 2017, la de agosto de ese mismo año la envié a revisión desde el 2015 y se “perdió” por más de un año en el proceso de revisión. Esta entrada es justo para contar esa primera experiencia en el proceso que conlleva una publicación científica (con todo y esa perdida de un año), pero para esto primero les contaré una historia.

Mis prácticas finales (Estudio Profesional Supervisado -EPS) de la carrera de biología las hice en la Asociación de Reservas Naturales Privadas de Guatemala. Aquí también trabajé durante casi un año como Coordinadora del Programa de Monitoreo de Biodiversidad y coordinando actividades del Programa de Educación Ambiental. Fue un sitio donde aprendí mucho y lo elegí precisamente porque vi que aunque había potencial de hacer muchas cosas interesantes para alguien de mi carrera, en la historia apenas había estado ahí una persona de biología.

Ideas de una bióloga primeriza para salvar el mundo

Supongo que aunque ya no soy una bióloga tan primeriza, las ideas para salvar el mundo siguen ahí. En esa etapa de mi vida en la ARNPG justo terminé mi licenciatura, hice mi tesis y me gradué, por lo que estaba haciendo esa transición entre estudiante y profesional ya con cartón oficial. Uno de los tantos vacíos de información (traducido a oportunidades) que yo había detectado en cuanto al conocimiento de la biodiversidad del país, era precisamente en las reservas privadas. Fue así que una de mis ideas al estar en la institución fue aprovechar a usar las cámaras trampa que se tenían, así como buscar financiamiento para comprar más y empezar a realizar estudios base para conocer qué especies de animales se encontraban en estos sitios. Esta información era más que necesaria para empezar a visibilizar el papel que cumplen esas áreas en la conservación de la vida silvestre, así que puse manos a la obra.

Durante casi dos años (incluyendo mis prácticas y el tiempo que trabajé en la asociación) logré visitar 15 reservas privadas, en siete departamentos del país y hacer fototrampeo en estos sitios, los cuales muchas veces consistían en sistemas agroforestales: una combinación entre bosque y algún cultivo. Cada lugar era una experiencia emocionante, ¡no digamos el momento de revisar las fotos de las cámaras trampa y descubrir a los animales del sitio! Lo que yo no tenía idea en ese momento, era de que la información que estábamos generando resultaría mucho más novedosa de lo que creí.

Colocando cámaras trampa en alguna parte de Guatemala.

¡Qué lindas fotos! ¿Y ahora qué hago?

Para cada sitio elaboraba un informe sencillo, mencionando las especies de animales (principalmente mamíferos), también incluía las fotos y el grado de amenaza de cada especie. Incluía el grado de amenaza a nivel nacional, el cual basaba en la Lista de Especies Amenazadas del Consejo Nacional de Áreas Protegidas; pero también revisaba la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza -UICN- así como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres -CITES-. Consideraba importante la perspectiva, tanto a nivel nacional como internacional, porque hay casos en que una especie puede no estar amenazada a nivel mundial, pero sí a nivel local como en el siguiente ejemplo:

Este es el mapa de distribución potencial del puma (Puma concolor). La Lista Roja de la UICN coloca a la especie en la categoría de “Preocupación menor” y esto es, en parte, por su amplia distribución (¡prácticamente en toda América!). Sin embargo, puede que a nivel local (en ciertos países en específico, por ejemplo) haya poblaciones fuertemente amenazadas.

Algo que noté, fue que cuando trabajaba en estos informes no encontraba información para Guatemala. Es decir, encontraba información de la especie en páginas de internet y algunas publicaciones científicas de otros países y no acababa de entender por qué. Es decir, ¿cuántas veces la gente suele referirse a que ciertos animales silvestres son comunes? Pensemos en especies importantes que incluso podemos encontrar todavía en áreas urbanas: tacuacines, mapaches, zorras grises. ¿Si sabemos que están en áreas accesibles por qué no está esa información publicada en ninguna parte? Y pues eso era algo preocupante, ya que no podemos proteger aquello que no conocemos. ¿Cómo recomendar medidas cuando se construye algún proyecto de infraestructura, por ejemplo? ¿En qué basarnos para orientar medidas de conservación con estas instituciones o empresas que trabajan en áreas que aún tiene vida silvestre si no tenemos información? Vemos cómo se destruyen áreas verdes, áreas donde popularmente sabemos que hay vida silvestre pero ¿qué hacer si eso nunca se documentó? Todas esas preguntas empezaron a quitarme el sueño y dimensioné lo grave que podía ser querer hacer conservación si se desconoce tanto de la biodiversidad del país.

¿Publicaciones científicas? ¿Y eso con qué se come?

Una idea a la que llegué después del proceso de reflexión fue en publicar la información que estábamos generando. ¿Pero publicar dónde? ¿Cómo? Me puse en contacto con las personas donde había hecho los estudios para determinar si tenían interés en divulgar los datos y, aunque inicialmente tuve miedo de que la mayoría quisieran quedárselos para sí mismos, mi sorpresa fue encontrarme todo lo contrario: de todos los sitios donde había hecho estudios con cámaras trampa, sólo en uno no quisieron divulgar los datos.

Ya tenía la luz verde entonces para usar la información y divulgarla pero no tenía muy claro cómo. Durante mi carrera no nos hablaron mucho del tema de publicar en revistas académicas, así que parecía algo muy complicado o lejano para una bióloga primeriza como era yo. Sonaba a esas cosas que sólo hacían científicos genios en otros países. Aún así empecé a preguntar, me di cuenta que no parecía tan complicado así que uní esfuerzos con otros dos colegas (uno de ellos tenía datos de otra reserva privada en un departamento del que yo no tenía datos. Además también tenía experiencia publicando) y fue así como decidimos empezar a escribir una nota científica para publicar los registros que teníamos.

Proceso de elaboración de la nota científica

Lo primero que diré es: no es complicado. No le tengamos miedo a publicar. El miedo suele ser porque en Guatemala publicamos poco (aquí escribí un poco sobre eso), así que hasta pareciera algo de otro planeta cuando realmente no lo es.

Empezamos eligiendo una revista que tuviera como enfoque el tema de mamíferos de la región, ya que nuestros datos eran principalmente sobre este grupo. Revisamos las instrucciones para los autores para saber qué categorías había en esa revista (algunas suelen ser ensayos, notas cortas, artículos) y cuál se adaptaba mejor. En nuestro caso lo que mejor se adaptaba era una nota científica así que vimos qué secciones llevaba para empezar a redactar acorde a los requerimientos.

Lo que teníamos eran registros fotográficos de mamíferos en distintas reservas privadas del país así que el enfoque fue hacia actualizar información del grupo. Efectivamente, muchas especies “comunes”, no aparecían reportadas para ciertos departamentos ya que no habían publicaciones científicas ni observaciones que hubiesen quedado documentadas en otras bases de datos. Así que muchas especies que incluimos en esa nota, resultaron en actualizaciones de registros históricos, mientras que otras resultaron ser una novedad científica no reportada anteriormente para ciertos departamentos.

Mandé el documento a la revista a finales del 2015 y en 2016 me fui a estudiar la maestría fuera de Guatemala así que me olvidé un poco del tema. No fue hasta que mi colega y coautor que ya tenía experiencia en publicaciones, me preguntó después de algunos meses, que caí en cuenta de que ya había pasado mucho tiempo sin saber nada de lo que habíamos enviado. Contacté a la revista y después de una búsqueda un poco complicada por algunos cambios en los correos y editores de ese momento, logré retomar el proceso de revisión y nuestra nota fue publicada en agosto de 2016.

Algunas lecciones aprendidas

La iniciativa y la constancia rinden frutos. Cuando hice mis prácticas y empecé a proponer ideas donde vi vacíos de información, no me imaginé que terminaría recopilando información novedosa que podría resultar en una publicación científica. ¿Tienen alguna idea? ¿Algo les mueve el corazón? ¡Adelante!

Publicar no es complicado, aunque el proceso toma tiempo, no es algo imposible. Es algo que necesitamos en el país para orientar mejor las decisiones, fundamentándolas en evidencia y en el conocimiento que generamos a partir de distintas áreas del conocimiento.

Existe gente genial. Muchas veces en el mundo académico hay rivalidades, luchas de egos y cosas que no aportan nada a nadie. Aunque me ha tocado conocer esto, también he sido muy afortunada de encontrarme a colegas y personas que tienen la visión de compartir las experiencias y el conocimiento. Estoy convencida que en la medida que vamos ayudando a otras personas, otras personas nos van ayudando de vuelta y es así que podemos ir haciendo del mundo un lugar un poco mejor. Motiven a quienes tienen menos experiencia, compartan lo que saben, feliciten cuando corresponda. Vivimos en una sociedad muy acostumbrada a criticar pero poco dispuesta a reconocer lo bueno y reproducirlo. Ya hay mucha oscuridad en el mundo, seamos luz.

Homo sapiens femenino capturado en cámaras trampa.

Finalmente, aclaro que todo lo que escribí aquí fue mi experiencia personal y no representa algún tipo de historia o postura oficial de la Asociación de Reservas Privadas de Guatemala.

Aquí les dejo el enlace de esta nota científica, así como un enlace para consultarla:

Escobar-Anleu, B. I., Fuentes-Montejo, C. F. and Ariano-Sánchez, D. 2017. Record of mammals (Mammalia: Didelphimorphia, Artiodactyla, Carnivora, Cingulata, Lagomorpha, Pilosa and Rodentia) in private natural reserves in Guatemala. Acta Zoológica Mexicana 33(2): 388-392.

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